PARTE 2: NO, LO BUENO NO ES TAN BUENO
Una vez se han entendido los aspectos comentados en la entrada anterior viene el grueso del Marketing Alimentario. En este punto deberíamos ponernos modo Inspector Gadget, sacar lupa y libreta y nuestro dedo acusador. Vamos a hablar de las famosas declaraciones nutricionales y declaraciones de salud, que tanta controversia y confusión generan en el consumidor.

DECLARACIONES NUTRICIONALES
Son alegaciones referidas al contenido nutricional del alimento en cuestión. Por ejemplo, contenido en proteína, fibra, azúcar …
Están reguladas por el Reglamento (UE) 1924/2006 por lo que, toda alegación deberá estar justificada y ajustarse a unos valores concretos.
Así, por tanto, las empresas pueden hacer alegaciones del tipo:
- “Bajo contenido en grasa” “Sin grasa” …
- “Fuente de fibra” “Alto contenido en fibra” …
- “Bajo contenido en azúcares” “Sin azucares” …
- “Bajo contenido en sal” “Sin sal” …
Siempre y cuando, como ya se ha comentado, se cumplan unos criterios. Por ejemplo, para que una empresa pueda poner en la etiqueta que su producto es fuente de fibra deberá contener, al menos, 3 g de fibra por cada 100 g de producto.
Cabría esperar que, al ser recogidas estas declaraciones en un reglamento con una serie de parámetros a cumplir, el consumidor final estuviera mejor informado. Pero claro, esto debería sujetarse con pinzas, pues hay veces (más de las que creemos), que la declaración nutricional no representa fielmente al producto. Pongamos un ejemplo. Nuestro Inspector Gadget contratado y entrenado para esta sesión supermercadera se encuentra en la sección de galletas y cereales de desayuno.

Primer producto escogido.
Unas galletas «digestivas» (al parecer) con frutas del bosque. Ah, y además, ¡fuente de fibra! Un chollo vamos
Para qué mentir, nos hemos dejado llevar por las expresiones «digestive» y «fuente de fibra». Vamos a echarle un ojo a la información nutricional.

Podemos comprobar que sí, efectivamente estas galletas son fuente de fibra pues contienen al menos 3 g por cada 100. Ahora bien, ¿eso hace a este producto una opción saludable o mejor que cualquier otra? Pues no precisamente. Veamos el listado de ingredientes.

Podemos comprobar con un simple vistazo varias cosas:
– Harinas refinadas. Nada nuevo en este tipo de alimentos y no muy recomendables. Como podemos ver, el porcentaje de harina integral es algo insignificante si comparamos.
– Azúcar al por mayor. Muchas veces el azúcar en el etiquetado puede aparecer enmascarado bajo otros ingredientes u otra nomenclatura, pero siendo azúcar, al fin y al cabo. En este caso, podemos ver que emplean azúcar y jarabes.
– Grasa de palma. Muy famosa y no precisamente por buena.
Por tanto, ¿qué debemos sacar en claro de esto? Que no debemos dejarnos guiar por declaraciones nutricionales. No digo que sean falsas, pues no lo son, pero no son más que una herramienta del marketing alimentario para hacer más atractivos a los productos. Como hemos visto, solo representan, en la mayoría de los casos, una pequeña parte del producto, en concreto, un solo nutriente. Caemos en el «Nutricionismo» y esto no nos da garantías de estar comiendo un alimento mejor ni de calidad.
DECLARACIONES DE PROPIEDADES SALUDABLES
Se entiende por “declaración de propiedades saludables” cualquier declaración que afirme, sugiera o dé a entender que existe una relación entre una categoría de alimentos, un alimento o uno de sus constituyentes, y la salud.
Es completamente entendible que si un consumidor se encuentra con un alimento que afirma controlar los niveles de colesterol en sangre o que mejora el sistema inmune, lo compre. ¿Cómo iba a desperdiciar esa oportunidad? Si este alimento me dice que va a controlar mi colesterol, ¿quién soy yo para no creerlo?
Como en el caso anterior de las declaraciones nutricionales, para mí y en mi humilde opinión, esto es tan solo una artimaña más para atraer consumidores fácilmente. Con esto no quiero decir que sea ilegal, de hecho, es completamente legal pero, como en todo en esta vida, siempre hay vacíos con los que se puede jugar.
No sé si alguno en este punto se preguntará ¿y por qué es preocupante? ¿qué tiene de malo? ¿no mejora acaso nuestra salud? Volvemos a recoger este tema con pinzas y llamamos de nuevo a nuestro inspector personal.
No había salido aún del pasillo de galletas y cereales cuando se topa con unas barritas que reducen el colesterol, magnífica idea.


La marca que lanza este nuevo producto al mercado es una vieja conocida reduciendo el colesterol y se podría decir que prima hermana de Danacol, también bastante conocido en esta hazaña.
Como el resto de los productos con esta declaración, se basa en la adición de fitoesteroles o esteroles vegetales que presentan una estructura similar a la del colesterol y, al competir con él, evitan su absorción intestinal.
La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha reconocido que un consumo de estos esteroles de 1.5-3 g/día por 2-3 semanas puede reducir el colesterol LDL en un 10% y así lo alegan convenientemente todos estos productos.
Hasta aquí todo bien ¿no? Entonces, ¿qué inconveniente le veo yo a este producto? Está claro y no vamos a negar lo innegable que ayuda a reducir el colesterol al igual que el famoso Danacol. Pero no por ello debemos presuponer que sólo tomando estos alimentos enriquecidos vamos a solucionar nuestro problema, ¿no creen? Y dirán, evidentemente, esto debe ser complementado con una dieta rica en frutas y verduras, practicando también ejercicio físico. ¿Pero realmente esto se cumple? No lo creo.
Y también quiero mencionar un detalle. Al igual que he comentado anteriormente con las galletas fuente de fibra y con una composición nutricional bastante pobre, cuando hablamos de declaraciones de salud, nunca está demás comprobar la lista de ingredientes.


Fijémonos más detenidamente. ¿Qué nos llama la atención?
– Se vuelve a abusar del azúcar, presente de nuevo, en todas sus formas. Una persona con colesterol que toma este producto a diario, ¿no merecería otro tipo de formulación? Recordemos que ya como segundo ingrediente aparece el azúcar.
– Aceite de palmiste, primo hermano del aceite de palma. Efectivamente, cargado de grasas saturadas.
Pero oye, tampoco todo va a ser malo, se valora gratamente que hayan incorporado algo de harina integral.
En resumen, a pesar de haberme mostrado algo desconfiada frente algunos productos, lo cierto es que la culpa no es en su totalidad de la Industria Alimentaria. De hecho, este sector se encuentra en constante innovación, buscando nuevos productos que sacar al mercado y, en los últimos años, el foco está en lograr productos más sanos, de acuerdo con el estilo de vida actual que en mayor o menor medida se está implantando. En cierta manera, las marcas no sacarían algunos de sus productos si los consumidores no los compraran, ¿no es así?
No obstante, independientemente de si compramos alimentos más o menos sanos es crucial que sepamos qué estamos comprando. Tomémonos un momento para ver más allá del frontal del producto. Comprender el etiquetado no es tarea sencilla y más si se resaltan ciertos mensajes que acaparan toda nuestra atención. Por eso se han escrito estas dos entradas, con la intención de ofreceros una mini guía que os pueda ser de utilidad.

