INSPECTOR GADGET EN EL SUPERMERCADO

PARTE 1: EL DESCONOCIDO MUNDO DEL ETIQUETADO DE ALIMENTOS

Siempre he defendido que cuando uno va a hacer la compra al supermercado, a una gran superficie o incluso, a una tienda de alimentación más pequeña, es recomendable ir con tiempo. Y cuando digo “con tiempo” me refiero a evitar hacer la compra con prisas y con hambre.

Desgraciadamente, en nuestra sociedad actual y con el tipo de jornadas laborales que tiene el ciudadano de a pie, esto no es siempre posible. Se hace la compra como si de una carrera contrarreloj se tratara y, claro, cuando uno llega a casa se pregunta: “¿He comprado lo que necesitaba?” “¿He comprado saludable?” y, algunos (algo más preocupados) suelen pensar finalmente “me he vuelto a liar”.

Es muy fácil liarse cuando uno hace la compra y acabar adquiriendo productos muy cuestionables desde el punto de vista nutricional. Y es que, la gran mayoría de ellos presentan eslóganes muy persuasivos, nombres muy atrayentes, palabras mágicas y un extenso etcétera. Son muchos los trucos usados por la Industria Alimentaria y las grandes marcas para atraer consumidores a sus productos. En esta entrada se trataran los aspectos básicos de un etiquetado alimentario así como también algunos trucos y consejos que que considero interesantes a la hora de tener claro qué es lo que compramos. Pondremos la lupa en detalles que no soy muy evidentes a simple vista, pero que un buen inspector debe pillar.

Cuando paseamos por los pasillos y vamos mirando a ambos lados, nuestro cerebro está recibiendo gran cantidad de información muy atractiva. Y esto es un peligro (en cierta medida) pues en cuestión de unos pocos segundos hemos elegido y depositado en nuestro carro un producto. Ahora bien, ¿basándonos en qué?

Por el tiempo que nos ha tomado hacerlo me atrevería a decir que en la gran mayoría de casos hemos atendido a dos factores: costumbres o hábitos y envase.

¿A qué me refiero con costumbres y hábitos? Muchas veces compramos determinados productos simplemente porque siempre lo hemos hecho. Nosotros o nuestra familia. El caso es que llevamos años comprando ese producto de esa marca determinada solo porque nos resulta familiar. Y he aquí uno de los trucos de las marcas tan mundialmente conocidas: la publicidad. Muy importante desde el punto de vista del marketing alimentario. A la vista está, que si analizamos rápidamente algunas grandes marcas podremos asociar a ellas grandes campañas publicitarias mantenidas en el tiempo y, de ahí, gran parte de su éxito. Tal puede ser el caso de Coca-Cola, Nestlé, Kellogg’s, Danone o Lay’s.

Y, ¿Qué quiero decir exactamente con envase? En este punto me refiero a toda la información que el consumidor puede leer en el paquete. Dicha información facilitada es, en su mayoría, obligatoria y está regulada por el Reglamento (UE) N º 1169/2011. Otro Reglamento muy importante al hablar de etiquetado es el Reglamento (UE) N º 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y propiedades saludables de los alimentos. Este último, es sin duda, el reglamento con el cual las empresas pueden hacer su producto más atractivo.

A continuación, les muestro una infografía propia de un etiquetado tipo de cualquier producto alimentario (en este caso de una mermelada). Tal y como se presenta en el Reglamento 1169/2011 recoge todos los requisitos obligatorios en una etiqueta:

1.DENOMINACIÓN DEL ALIMENTO. Con ello nos referimos a la denominación jurídica y legal de dicho alimento. En caso de no existir se atiende a la denominación habitual y, en última instancia, a la denominación descriptiva.

TRUCO: ¿Estamos seguros de que compramos zumos? Este es el tipo de productos en los que recomiendo mirar la parte posterior de la etiqueta y fijarnos en la denominación del producto, ya que muchas veces, en la parte frontal no se llega a especificar que sea zumo (y qué tipo de zumo) o néctar.

Aquí en las denominaciones podemos encontrar variedad de opciones:

  • Zumo 100% exprimido, lo más parecido a un zumo casero.
  • Zumo a partir de concentrado. Se obtienen a partir de un zumo concentrado+agua. Normalmente se concentra para poder ser transportado antes de su elaboración en otra planta.
  • Néctares. Básicamente se componen de zumo y agua a partes iguales, además de gran cantidad de azúcar. ¡Ojito con esto! Muchos de los «zumos» que creemos comprar son en realidad Néctares.

OJO: No pertenecen a estas categorías las famosas bebidas que llevan leche. ¿Mejor opción? Para nada, olvídate, no superan el 10% de leche y zumo. ¿Y el resto? Agua y Azúcar.

2. LISTADO DE INGREDIENTES. Uno de los apartados más importantes, si no el que más, a la hora de conocer qué es lo que estamos comprando realmente. En este apartado aparecerá la lista de ingredientes y aditivos que presenta el producto en cuestión. Además, por ley, deberán aparecer los alérgenos presentes en el alimento destacados, bien sea en negrita, con letras MAYÚSCULAS o subrayados, con el fin de alertar al consumidor.

TRUCO: Un detalle importante y muy recomendable de saber es que están ordenados de mayor a menor cantidad en el alimento. De esta forma, si el primer o segundo ingrediente de unas galletas para niños (aparentemente sanas) es azúcar, lo mismo, no es la mejor opción.

TRUCO: Otro detalle sobre el listado de ingredientes es que está ligado con las fotografías que aparecen en la parte frontal de nuestro producto.

Bien, pues, es obligatorio que en el listado de ingredientes aparezca el porcentaje de ese ingrediente reflejado. Esto nos puede ser muy útil en el caso de alimentos tipo cremas de verduras. Normalmente, suelen aparecer en la parte frontal variedad de verduras y creemos que nos estamos llevando a casa una crema muy saludable cuando, si nos fijamos, podremos ver que los porcentajes de esos vegetales en cuestión no es que sean gran cosa.

3. PESO NETO o en su defecto PESO NETO ESCURRIDO si el producto alimenticio sólido se presenta en un líquido de cobertura.

4. INFORMACIÓN NUTRICIONAL. Debe aparecer obligatoriamente el valor energético y la cantidad de grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal. También podrán añadirse otras categorías como: ácidos grasos monoinsaturados, ácidos grasos poliinsaturados, polialcoholes, almidón, fibra alimentaria y vitaminas y minerales que se encuentren en una cantidad significativa.

TRUCO: Esta información, aunque es útil, siempre es conveniente consultar la lista de ingredientes para mayor seguridad pues aún conociendo el contenido en nutrientes no podemos saber si proceden de fuentes de mejor o peor calidad. Además, suelen representarlos en función a raciones de x gramos lo que se puede ajustar, o no, a las raciones que finalmente come cada uno en casa.

5. FECHA DE CADUCIDAD O FECHA DE CONSUMO PREFERENTE. A un alimento se le asigna una fecha de caducidad cuando es muy perecedero desde el punto de vista microbiológico. Es la fecha hasta la cual podemos consumir ese alimento de forma segura. Por su parte, se asigna una fecha de consumo preferente a aquellos alimentos que van a conservar una calidad prevista hasta ese momento y que, a partir del cual, pueden perder ciertas características como el color o la textura, pudiendo ser consumidos pasada la fecha.

6. INSTRUCCIONES DE USO Y CONSERVACIÓN. Se indicará el modo de empleo en el caso de aquellos alimentos que así lo requieran. Por ejemplo, platos cocinados listos para consumir. Además, deberá indicarse el tipo de conservación una vez que el envase haya sido abierto. Este es el caso de la leche o los zumos, por ejemplo.

7. NOMBRE, RAZÓN SOCIAL Y DIRECCIÓN DE LA EMPRESA ALIMENTARIA. Gracias a ello, se pierde el anonimato de cualquier producto.

8. PAÍS DE ORIGEN. Obligatorio cuando su omisión pueda inducir cualquier tipo de error en el consumidor. Como podría suceder en el caso de los Espárragos, que no tienen por qué ser de Navarra.

Además de los aspectos comentados anteriormente y los que trataremos en la siguiente entrada (declaraciones nutricionales y declaraciones de propiedades saludables), las empresas pueden utilizar una serie de eslóganes que enganchan fácilmente al consumidor y que, por desgracia, no tienen ningún tipo de control.

Me refiero a las tan conocidas “mañanas ligeras” de algunos lácteos sin lactosa cuando no hay ningún tipo de evidencia científica acerca de que, el consumo de este tipo de lácteos mejore la digestión en personas sanas, tal y como lo comentan en letra pequeña.

También otras como “Digestive” induciendo al consumidor a pensar que son productos digestivos y, por tanto, mejores que otros, cuando no.

Y un extenso y largo etcétera que se os puede estar viniendo a la mente en este momento. Como habéis podido comprobar el tema etiquetado puede ser algo extenso pero con unos cuantos consejos y sugerencias podemos ser capaces de hacer la compra sin caer en «engaños» y en productos ultra procesados.

En la siguiente entrada comentaremos el caso de las declaraciones nutricionales y de salud. En este punto sí que tendremos que sacar la lupa, tal y como hará nuestro inspector y podremos comprobar como no es oro todo lo que reluce.

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